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- Di la vuelta al edificio con mi 44 en la mano, apuntando a Luccio a la nuca, le quité el seguro y grité con voz áspera y severa:
- -¡Habitacadáveres!
- Luccio se bamboleó y movió la cabeza para mirarme. En sus ojos descubrí una brutalidad que jamás habría podido pertenecer a la comandante de los centinelas.
- Sentí el primer tirón de la visión del alma, pero ya había tomado la decisión en el momento en que mi voz hizo tambalear su equilibrio. Abrió la boca y vi la locura de la habitacadáveres haciendo girar los ojos de Luccio y, de repente, noté la oscura tensión que producía al concentrar su fuerza.
- No llegó a hacerlo. En ese mismo segundo de duda, la habitacadáveres estaba convencida de que su disfraz la protegería y tenía la mente ocupada pensando en cuál sería su próximo paso y no en preparar la maldición por su muerte. La bala de mi 44 penetró justo bajo su pómulo.
- La cabeza se le fue, primero hacia atrás y luego hacia adelante. Era cierto que se trataba del cuerpo de Luccio, pero la expresión de impacto y sorpresa cuando el cuerpo robado cayó al suelo en cuanto le flaquearon las piernas, era de la habitacadáveres.
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