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  1. La imposibilidad de la expresión, y dentro de ella, que todo lo posible se pueda decir, sin importar ya más.
  2. Es eso un poco de lo que me falta, tal vez.
  3.  
  4. No es un mal comienzo, tampoco es un mal punto. Un punto es un final al cual va dirigido algo:
  5. Aquel punto constante, al que se vuelve siempre, implica una realidad sin cerrar.
  6.  
  7. Esas cosas ochenteras del Dave Grusin, llenas de sintetizadores y teclados tan insignes de la época, algo han de tener que tanto me llevan a un lugarcito especial. No que tenga nostalgia por la época, no viví en ella.
  8.  
  9. Las letras que se caen, luego un mapa de aquel espacio abstracto, le sigue aquel bizarro bosque del futuro en que la música (finalmente) ocurre, luego está aquel plano sin extensión, ininteligible... y luego está el ataque de los bovinos carnívoros.
  10.  
  11. Mundo pequeño, aquel mismo escenario, y las mismas maneras de decir lo que se quiere decir. Y nada nuevo, solo más odio.
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  13. Miré directamente a los ojos del tipo loco que pintó el Álvaro, amigo de la Paz, mientras estaba silvando una composicioncita que me gusta del Bob James y el David Sanborn, un disco bien comercial pero muy de su momento, especial, y me pregunté en ese momento si es que en serio me gustaba la música o no; no solo esa en particular, sino el concepto de música en general. La respuesta fue que si, de inmediato, y así con una convicción tan clara, tan hermosa, como pocas cosas que experimento como tal en la vida. Aunque haya sido solo un destello de algo más grande. Tal vez estoy como el Descartes, llegando a la única cosa concreta que podría afirmar sobre mi persona: me gusta la música. A la vez la odio, valga decir.
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  15. Un entendimiento completamente personal de las cosas. Es entretenido como jamás fui capaz de realmente identificar qué me estaba impulsando a tener ciertas actitudes u formas de entender las cosas. Ahora, algo mayor, puedo decir: siempre busqué esa unicidad de la experiencia. Hasta ahora me admira, me
  16. (...)
  17. me frustra a un nivel gutural el como los demás están tan desesperados por pertenecer a algo. Les enseñan a soñar lo que sueñan.
  18.  
  19. El toque humano. El 'toque humano'; según este tipo, a ciertas artes 'les falta el toque humano'. No sé. Sea con el lápiz sobre una hoja, con el computador en un archivo digital... ese cuaderno lo hicieron los humanos, ese computador es producto de la manufactura humana. Rebosamos de humanidad, y tal vez ese sea el problema. Demasiada humanidad. Debemos perdernos un tanto. Dejar de entender el cómo y el por qué de las cosas. Que todo nos vuelva a confundir, que las voces se transformen en sonidos y las palabras en garabatos. Y los cielos en colores. Y los árboles en frescor. Y el amor, y el odio, en pujanzas. Y el dolor en aversión pura, absoluta.
  20.  
  21. No es que haya entendido mucho más. No le pongo atención a esas cosas. Debiese?
  22. Dos, tres, cinco.
  23. Veinte.
  24.  
  25. La capacidad total: más allá de sentir, supe, me atravesó, esta suerte de demonio desgarrando toda realidad posible descargó toda su potencia existencial en mi persona, mediante una suerte de grito enloquecido, que no pude sino percibirlo como colérico, más allá de toda intensidad posible. Yo iba sentado en la micro de vuelta a la casa. Fue una imagen estúpida, lo sé. La intensidad que exacerba toda posible comprensión no podría contenerse en forma alguna. La verdadera intensidad carece de imagen, de concepto, de letra, de melodía, y es mucho menos probable que adquiriese un rostro, sin importar que tan deformado este pueda estar. En ese sentido, no, lo que vengo hablando no pasó. Pero ese necesario que esa energía atraviese, desfigure, lo que nos es conocido, a fin de hacerse entendible. En ese sentido, que todo grite, que todo sea cólera. Que mil demonios nos viertan su hálito infernal en gritos imposibles a cada momento, cada día, tras cada acto, en todos los aires.
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  27. Está bien odiarlos, temer, saber que la vida se va a cada segundo. Que tantas cosas se vuelven imposibles a cada instante que se escapa: más la posibilidad de que otras ocurran se vuelve incierta.
  28.  
  29. Vaya ataque... (lento) Vaya presencia (total). No hace falta decir nada. Que exista por cuanto pueda pretender hacerlo. En ese tanto que se recorre a sí mismo, puedo enumerar en la cabeza algunas imágenes que puedan resonar con su expresión. Se me ocurren pocas. Todo vuelve constantemente a la nostalgia. Hacia adelante, poco que esperar, pero no me siento atrapado, ni sin rumbo. Extrañamente, porque debiese. Tengo cosas que esperar, supongo. Cuando logre expresarme de mejor manera, cuando esas demás personas entiendan lo que en serio significaron para mí. Yo? Creo que tengo poco que entender. Pero a ratos dudo: no por nada, dando la dimensión que sea de mi persona, termino siempre siendo cuestionado o derechamente despreciado por mi actuar, por mi sentir. Mi actitud en general. Siempre termino sin entender del todo: pero eso es normal, lo sé. No hay forma de poder descifrar la impresión que se deja en los demás, tampoco hay forma de que las palabras de uno puedan completamente justificar el propio actuar al parecer del resto. He ahí el gran lío humano, el como aquello dicho no está realmente comunicando lo que uno quiso que dijese. Y si lo llevo ahora a lo musical, a la pieza que me está haciendo escribir esto: ¿qué pensaba el Voigt al ir y estirar unos trozos de orquestas por veinte minutos? Por muy bonito que sea el tono, a tantos les parecerá extenuante, su profundidad nula, el concepto una estupidez. A otros les encanta. Yo estoy por el medio. Me alegra envolverme en aquellos tonos, al final. Pero lo que el autor haya querido realmente expresar con ellos es otro cuento. Ahí es donde yo pretendo hacer la diferencia, hacer lectura de lo que yo mismo intento, o pretendo, decir: ¿cuál más es el espíritu de estas líneas? No es el comunicar mi pensamiento a alguien más sino a mí mismo. Lo he dicho desde siempre. Las pocas retribuciones que recibí de mis escritos en línea en el pasado eran absurdamente inocuas. Y jamás me molestó. Porque nunca pretendí que se me entendiese. Y tal vez ahí radica una parte real, efectiva, del ser ser humano: el abandonarte a no ser realmente entendido por nadie jamás. Ni siquiera por uno mismo. Y ahí entonces uno lucha, lucha por adivinar cuales son sus motivos o razones para actuar como se actúa, o pensar como se piensa. O sentir lo que se piensa. Entonces da lo mismo lo que Voigt haya querido decir con sus cosas, lo importante al final es el como su obra se inscribe en mi experiencia personal, la cuál es... única, la única a la que tendré por siempre acceso, a fin de cuentas. Al final de todo. Todo lo demás es impenetrable. No?
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  31. Siempre volvemos, siempre estás ahí al final. Se traduce un algo físicamente con unos retorcijones de estómago, y ni idea que le causará a los demás. O si es que les causa algo siquiera. Bien podría ser solo yo. Que quedo atento a los acantilados infernales que se despliegan en lo más alto de la cordillera: al caer de uno sería lo último que se alcanzase a sentir en la vida, todo el peso del cuerpo atravesando los últimos aires de la existencia, para impactarse de lleno con el dolor final. Qué tal vez no se sienta. En la cima de esas montañas, sin embargo, yo siento está la paz real, la quietud que se buscó toda la vida. Las respuestas a todas las preguntas que suscitaban al andar, al sentir el cielo sobre la cabeza, al dejarse tocar por el viento, al preguntarse sobre el curso de las aguas o de los árboles. Aquello no humano, la dimensión inerte de todo cuanto nos rodea. Cuyas voces son los pájaros y las aguas de las vertientes, o los vientos y los extraños rumores que emanan de las nubes, rumores que inundan todo, que podrían detener al mundo: pero no lo hacen, básicamente porque lo humano se mueve a su propio ritmo, sin más. Cargado como bestia arriba de vagones de metro que dan una vista privilegiada a aquel paraje irreal e inalcanzable que es la roca desnuda de las cumbres, expuesta desde siempre a todos los soles que para nosotros conformaron épocas. Esas rocas fueron testigo de todo. Nunca alcanzaron a entender nada, no por carecer de la capacidad de hacerlo (que, en cierto sentido, la tienen, todo la tiene), sino porque ellas eran incapaz de encontrar el amor y el paraíso en si mismas. Pero yo, mirándolas desde acá, sé que allá arriba existe todo lo necesario por experimentar en el curso de la existencia humana. Y es por eso que, al final, nunca me enfilaré a la montaña.
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  33. El árbol nocturno. Las calles rebosantes del jugo de basura que emana de las bolsas plásticas. La noche presentando tímidas pero brillantes estrellas que se escondían detrás de débiles nubes de una lluvia que no fue, extrañamente blancas. Yo a paso apresurado, feliz, pese a todo.
  34.  
  35. Una vez allá arriba, mis gritos resonaron en la apertura espacial y sensorial más pura a la que podría haber tenido acceso jamás. Nadie escuchó mis gritos, y eso fue lo hermoso del finalmente poder hacerlo. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada. Nadie, ni nada.
  36. Solo yo, o algo como yo, dejando salir su voz desde algún punto en el espacio en donde se supone mi ser tiene presencia. Aunque no la sienta ya más, ni la entienda. Todo es imagen y sonido y sensación sin cuerpo.
  37.  
  38. Siempre supe que las cosas serían imposibles en mi vida. No que todo alrededor mío fuese irreal: los espinos húmedos con la niebla matutina, los condones entre el pasto, el sol asomándose entre la bruma como el último sol del mundo, leche caliente en un vaso plástico con un aroma que enternecía el estómago y calentaba la cara, las sonrisas de los demás, aquella posición que yo tomaba en aquel mundo extraño, pequeño, un tanto vacío, pero más que suficiente para mi. Silvaba mucho, me gustaba la tierra, el pasto. Pateaba la pelota en extremo fuerte y solo con los años me puse a pensar que tal vez lo amaba solo porque así me sacaba algo de frustración infantil del cuerpo. El frío se hacía extremo a momentos, al punto de que otros se preocupaban por qué tan mojado por la lluvia podía quedar, a mi no me interesaba. Todo me hacía sonreír. El frío me inundaba el cuerpo, la falta de dirección me evitaba el futuro, y la curiosidad del niño me hacía sentir mucho más de lo que en serio quería estar sintiendo: matar al pajarito, tener ese encontrón con el Juan Carlos afuera de las instalaciones del CAD, renegarlo por tantos años después. Jugar Sonic en los computadores para cuando nos tocaba computación. Escuchar los mismos discos todas las mañanas antes de salir. ¿Era que amaba la música? Muy posiblemente. Eran cosas de tiempos pasados, pero en mi noción de la existencia el tiempo no existía. Todo era un presente. Solo sabía que el Metheny era un chascón feo. Ahora no sé si en aquel entonces lo habré realmente visto, o tal vez le vi una foto muchos años después y extrañamente su cara coincidía con lo que yo tenía entendido de él. Igual no me importaba, para mí la música nunca fue sobre seres humanos, sino sobre silvidos y espacios. Será por eso, ahora, que todo el aspecto técnico del rubro simplemente me supera. Viví sin técnica, en todos los sentidos humanamente posibles, por demasiados años de mi vida, tal vez hasta ahora mismo. Tal vez desde siempre eludí aquel aspecto del como funcionaban las cosas, y ahora si me pregunto a mí mismo, la verdad, no tengo intención del saber el por qué de las cosas. Solo me interesa sentir, y lo siento, cada tantos. No solo rememorando las mañanas frías o las tardes de arenas cálidas de patios del colegio, ese aire de desierto, un cielo eternamente azul, sino logrando sentir algo ahora. Algo que ahora no identifico bien, sino que, tontamente, lograré recordar bien unos cuantos años después.
  39.  
  40. Apenas pude dormir esa noche, porque el saber que al otro día debo madrugar no deja tranquilo a nadie. Menos a alguien tan ansioso como uno. Encima era con la vieja, yo a una entrevista de trabajo, ella quizás a que trámite pendiente... entonces desperté de mala gana, nos pusimos a desayunar rápido y salimos. Hacía extra frío, pero había algo más en el ambiente. Una onda como de certeza de que iba a ser un día distinto a todos los demás, no solo por la salida tonta (sabía que no me iban a contratar y que a ella le iba a ir mal en su cosa), sino por algo en el aire, un aire a algo. Yo obvio estaba medio dormido y muerto de frío así que las sensaciones corporales no estaban pegando demasiado al cerebro. Subimos a la micro, ella siempre en extremo estado de alerta y de prisa, yo nomás me acomodé en el asiento para poder dormir. Nos habremos demorado una hora y media para llegar a aquellos barrios altos de calles limpias, y árboles a donde se mirase. Yo sabía donde tenía que ir, algo dentro mío me insistía que no tenía apuro para llegar, o llegar siquiera, mientras que la vieja obvio se bajaba corriendo de la micro para correr a tomar la otra. Yo apenas le seguí el paso. La ví doblar por la esquina hacia arriba, y yo en mi actitud de completa pre-derrota iba con la mirada baja, y de mala gana, arrastrando los pies. Casi me dejaba que siguiera ella sola. Y así hizo, porque al llegar a la parada de micro donde se supone íbamos juntos, ella no estaba en ninguna parte. Me generó algo de una rabia, que obvio sentí en parte injusta porque era yo el que ya estando ahí planeaba sencillamente tomar la micro de vuelta a la casa y acusar de que me había ido mal sin más. No me iban a contratar, había dado ya tantos viajes en vano, daba exactamente lo mismo. Estaba oscuro y no acabé de darme cuenta de ello hasta que vi la hora que mostraba un panel eléctrico dispuesto en la parada de buses: las 11:30, casi medio día. Las tripas se me revolvieron adentro: no solo la hora de mi cita había pasado hace rato (tendría que haber estado en el lugar de la entrevista a tipo 9:30), sino que todo estaba putas absurdamente oscuro ya. El cielo, el aire, eso era. Era un sol de atardecer gris, oscuro, le quitaba el color y la vida a todo cuanto fuese apreciable a la vista. Cómo? Los autos seguían su curso en las calles, se me pasó una micro mientras yo estaba ahí, petrificado de la sorpresa, y en lo que escuchaba al locutor de la radio de un vehículo pasando a mi lado decir que 'este es el día en que oscurecerá más temprano', que 'había sido anunciado ya hace meses' y ahí yo recién caía en cuenta el por qué el apuro de la vieja y mi completa desorientación temporal. A la par con el hecho de que finalmente estaba ocurriendo: algo completamente fuera de toda posible lógica astronómica y natural. No podía haber una buena explicación posible para que aquel día el sol se pusiese a las tipo una de la tarde, sin más, y que yo recordase no había oído ninguna explicación respecto a por qué iba a suceder, tampoco. Peor era el como la gente a mi alrededor seguía en su funcionamiento cotidiano normal, como si nada, como si no estuviésemos todos siendo testigos de algo completamente fuera de lo común, absurdo y derechamente imposible. No, las preocupaciones de los automovilistas que seguían pasando mientras esperaba la próxima micro para volver a la casa seguían siendo el sortear los tacos, llegar a la hora a destino, seguir trabajando, no modificar la rutina. Todo aquello junto con la sensación de derrota por el tema de la entrevista a la que ya no había llegado me había terminado de marear a sobremanera, así que apenas pude subí a una micro. Nada peor que vomitar en la calle, mejor correr a la casa.
  41. Sin saber como, ni a qué hora, llegué a la casa. No podía creer nada de lo que estaba pasando. Pero me forcé a ser testigo de lo inverosímil de toda aquella situación, echándome sobre la cama, en la pieza, con la cabeza asomada por la ventana hacia afuera, viendo aquel absurdo atardecer de las dos de la tarde. Viendo el sol perderse bajo el horizonte. Algo que obvio había hecho ya tantas veces en la vida, pero que no debía estar sucediendo de la manera en que estaba ocurriendo aquel día, en ese momento. Pero el astro seguía su curso sin demostrar expresión o intencionalidad alguna, en lo que todo el mundo ante mi vista quedaba sumido en completa oscuridad a las tres de la tarde. Una oscuridad particularmente profunda, alcancé a percibir, porque me consumía el sueño. No se veía nada hacia afuera, los potreros ni las fábricas de detrás de la casa, de al lado del río. La silueta de los cerros era imposible de identificar respecto del resto del cielo... no habían estrellas, eso era. Ninguna. Tanto peor, horrible. Pero ya me había ido mal en todo aquel día, así que qué mejor que ahogar un tanto los pensamientos depresivos durmiendo una siesta en aquella tarde-noche increíble. A lo mejor despertaba y olvidaba lo que había pasado, que toda aquella situación no podía ser... Desperté, sin querer tener la más mínima idea de qué horas podían ser. La vista desde la ventana era otra: calles extrañamente iluminadas, ningún alma humana, o animal siquiera, a la vista, casi ningún movimiento exceptuando el como los árboles se mecían movidos por un exquisito viento cálido en el que estaba sumido todo el escenario, que me daba un tanto a la cara. El raco, asumí. Un silencio increíble, igual de imposible que todo lo que había sucedido hasta ese punto, pero que me dejé amar porque lo necesitaba. Necesitaba olvidar todo lo que había pasado durante el día, dejándome inundar por aquella noche serena y perfecta que tenía al frente mío, invitándome a respirar y a contemplar, vaciar un poco la cabeza. Esa quietud, con todo, tampoco podía ser, y yo en el fondo lo sabía. Nada de aquello estaba bien, por muy intoxicamentemente hermoso que fuese el momento. El viento, la temperatura, el silencio anunciaban algo. Me decidí a esperarlo, mirando las hileras de árboles a la distancia. Vi algo como un papel, una bolsa flotando en la brisa, a lo lejos, desde más allá del río pareciese. No, no podía ser una bolsa, estaba muy lejos y no tendría como haberla podido apreciar a simple vista. Subía, bajaba, se acercaba, lo supe. Tomé precaución y metí la cabeza hacia la casa, cerré un poco la ventana. En efecto se estaba acercando, con movimientos cada vez más violentos, vaivenes hacia arriba y hacia abajo, como luchando consigo mismo por generar un vuelo estable en un viento tan gentil, lo cuál lo hacía mucho más extraño. Era un monstruo, no podía ser de otra, al acercarse más distinguí bien que se trataba de algo orgánico. Color de piel, como una suerte de cuero. Un animal. Un par de metros de envergadura de sus alas, que seguían sin parecer tal, porque no volaba, ni aleteaba ni planeaba, sino que literal hacía lanzamientos en picada hasta casi tocar el suelo para luego elevarse en cuestión de medio segundo, arriba y abajo, demasiado rápido, demasiado brusco, y sin otra dirección más que la mía. Avanzando rápido por los potreros, haciendo una o dos detenciones en árboles en su trayecto. Yo ya muerto de miedo, habiendo ya cerrado la ventana y habiendo bajado la cabeza, asomando solo la vista por la ventana, temblando. El bicho saltaba metros en el aire desde un árbol, seguía sacudiéndose por los aires en dirección a mi casa, escondí la cabeza lo más que pude, solo para seguirlo con la mirada y ver que se dejaba caer un par de casas más allá de la mía, en el techo, dando un golpe tremendo que casi me mata del espanto y que me hizo cerrar la cortina de la pieza, taparme bajo las sábanas, cerrar los ojos con toda la fuerza que pudiese y hacerme el dormido porque adiviné que de eso dependía mi vida. Temblando, deseando que el monstruo no estuviese viniendo a por mí. Pero lo sentí moverse, en cosa de segundos, del techo de la otra casa hacia las tejas de directamente encima de mi cabeza... Me acurruqué más, sudando como cerdo, temblando como loco. Contuve la respiración, lloré. Pasaron unos segundos.
  42. Escuché un golpeteo en el vidrio de la ventana. Bah, me dije. Sea lo que fuese... tiene los modales como para pedir mi atención de tal forma. No sé que me impulsó a dejar la posición fetal y rápidamente acudir al llamado, abrir la cortina, y ver a una bruja, sentada sobre su escoba voladora, flotando al nivel de la ventana de mi pieza. Vestida con unos ropajes asquerosos, unas prendas que parecían hechas de piel humana putrefacta, que sin embargo le dejaban ver una figura increíblemente femenina, absurdamente lasciva, un enorme gorro de más trapos color cuero en su cabeza que eran marcados igual a la piel de la criatura que venía a por mí hace unos instantes. Era ella, entonces. Con su magia de bruja, seguro se camuflaba como un abominable monstruo volador. Hacía algo de sentido. Ahí estaba ella, flotando a tres pisos sobre el suelo, a mi altura, mirándome con una ineludible expresión de complicidad, y yo, embobado ante todo lo que había conducido hasta ese momento, pero más que nada con ahora ver su rostro, adivinar la tez de una hermosa mujer adulta, madura, con una sonrisa eternamente burlona, que se admiraba de mi pequeñez e idiotez, parado ahí de rodillas frente a ella, sobre la cama, seguramente con una expresión de idiota hechizado por tal inesperada, absurda y plena belleza que se encontraba ahora ante mí. 'Y? No me vas a invitar a pasar?', dijo ella, sin modificar la expresión de su rostro. Adivinando el tono sexual de su voz, quedé completamente petrificado, desprovisto de toda posibilidad de balbucear o hacer algo frente a ella, que pacientemente estaba ahí esperando a que le diese algún gesto de confirmación a su invitación. Ella me supo atascado, sin palabras, lo que la hizo sonreír más, una mueca de ternura en sus labios pero de deseo en su mirada. Y ante la potencia de ese rostro, no podía yo siquiera despegar mi mirada de la suya. Pero aquello no podía durar para siempre, yo lo sabía. Y muy posiblemente estaba forzándome a no reaccionar, quedar completamente congelado, hasta que ella se rindiese y se largase y yo perdiese así la oportunidad de entrar a algo increíble, único; algo que ciertamente yo no merecía. Ella no merecía alguien como yo, aunque su expresión y actitud demostrasen que no quería otra cosa más que conmigo en esta vida. La vida de una bruja ha de ser mucho más larga que la de un ser humano mortal, sin embargo, pensé yo. Entonces no hice nada. Ahí me quedé, petrificado, sin pestañear casi. La situación no podía causarle más gracia. 'Bien', dijo, y acomodándose en su escoba, emprendió vuelo en dirección de donde había venido, dirigiéndome hasta el último segundo que pudo una mirada que yo no iba a olvidar jamás. Que ni ahora olvido. Ahí, todavía petrificado, la ví alejarse, y a la distancia convertirse nuevamente en aquel espantoso monstruo volador que se mantenía a flote de manera ahora más caótica. No quise ver nada más. Cerré la cortina, me acosté bien en la cama, y pretendí dormir. Ahora siendo constreñido en mis adentros por dos fracasos, de los más atroces que hubiese podido experimentar en vida, ahí. Llorando en silencio, comencé a entrar en el sueño. De ahí a que fuese nuevamente un día normal bastaban unas horas de sueño, me empeciné en creer. Pero nuevamente escuché el golpeteo de uñas en mi ventana. Nuevamente las tripas casi se me caen por dentro, me levanté de un salto a abrir la cortina y ver quien era. Sabía que no era ella. Era, en efecto, otra bruja, vestida en similares ropajes grotescos que usaba la otra, solo que esta chica era más joven. De mi edad, tal vez algo menos. Un rostro de inocencia perfecta, una mirada de nada más que liviandad, nada más lejano del deseo ni más cercano a la belleza. Abrí la ventana. 'Hace frio', dijo ella, y sin más desmontó su escoba y puso pie ventana adentro, cayendo sobre mi cama. Rápidamente, sin sacarse sus asquerosos ropajes, se cubrió con mis sábanas y se durmió vuelta hacia la pared. 'En efecto, hace frío', me dije yo, y entendí su actitud. Seguramente estaba cansada, tal vez era la hija de la otra señora. Cerré la ventana y la cortina. Yo también quería dormir ya, estaba demasiado cansado. No lo pensé y me acosté al lado de ella, vuelto hacia el lado contrario. Me tapé. En lo que me acomodaba en la cama, mis nalgas hicieron contacto con las suyas: las suyas eran pequeñas, y estaban en serio congeladas al punto de doler el contacto. Decidí así evitar todo contacto con ella y simplemente dormir. Ya veríamos lo que iba a pasar al día siguiente.
  43. Unas horas después, me despertó su voz burlesca, casi ahogando una carcajada, preguntando 'Bueno, lo vamos a hacer o no?'. Yo sonreí, con algo de miedo, en lo que ella se volteaba hacia mí y nuevamente me enamoraba de su rostro. Sonreí, en lo que ella se subía arriba mío. Y ahí desperté.
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  45. Había una vez, un barquito de papel.
  46. Estaba en el water, tiraron la cadena. Se fue por el water, cayó a la alcantarilla.
  47. Habían unos ratones y lo hicieron pedacitos. FIN!
  48.  
  49. Si, ahora todo lo que hago es cantar: si, ahora todo lo que hago es cantar; si, ahora todo lo que hago es cantar. Todo cuanto los fantasmas sea que recuerden. Algún vestigio que me quede de aquel momento pasado, porque dentro mío no está...
  50.  
  51. Ese número desgraciado con el cual me obsesioné de chico sin motivo alguno. Era el sencillo resultado de una suma por el que discutí con el Lemus... él decía que el resultado era 96, yo que era 87. Obviamente no me acuerdo quien tenía razón. El Lemus hace ahora bailecitos de Tik Tok. Yo hago dibujitos entre lo que puedo.
  52.  
  53. La portada del 'Oscurecido por las nubes' del Pink Floyd es aparentemente una foto de una mujer subida a un árbol, solo que tras tremendos filtros... yo no lo veo, para mí siempre fue una imagen extraña del jesús crucificado. No?
  54.  
  55. Esas pequeñas revelaciones que me llegan de la nada y que no se quedan conmigo, siguen su camino, y nunca fueron realmente: pudiese ser que mi meta en esta vida fuese tararear las canciones ya sin melodía, así como mover los labios sin ya decir nada, o mirar sin apreciar, o escuchar sin entender. Fuera lo que fuese que estuviese describiendo con aquello que acabo de escribir, o bien con lo que intentan decir el resto de las palabras que asoman en este rincón. Que espero no digan nada, de igual manera. Por favor.
  56.  
  57. Te amo como amo a la lluvia.
  58.  
  59. El repetirme que 'todo lo que está aquí es todo cuanto hay' es, en alguna manera, perder la esperanza. Pero no del todo, porque ciertamente es perfectamente posible que vuelvan esas nubes rosas a una tarde húmeda. Y de que todos los demás desaparezcan, aunque sea por un rato. Pasó el otro día llendo a buscar las ciruelas... Otro año más en que lo hicimos, con la vieja. Llegará el momento en que ya no vayamos juntos ya más. Eso me apena, obvio. Pero, no tengo esperanzas en la muerte de ella, si lo llevo a lo que estaba redactando... Para eso la tengo acá, ahora. Eso basta. Picaflorcito vendrá en las siguientes semanas a volver a frecuentar la casa. Mala pata, porque habré de volver a clases presenciales a mitad de marzo. Pero eh...
  60.  
  61. ¿Que quieres hablar conmigo? No tengo nada que decir. Nadie tiene nada que decir realmente.
  62.  
  63. Elaborando nuevamente sobre ellos me dará probablemente las mismas respuestas que ya tengo. No es como que esté realmente conversando conmigo mismo. O creo perdí la capacidad de aquello en algún momento, y si, tal vez por eso ahora busco espacios, sonidos, tal vez colores o perspectivas. Y todo, como en cualquier otra vida, acaba de configurar la perfección en la que finalmente uno entiende a todo cuanto lo rodea. Aquella en que lo bueno, el error, la vida y lo pútrido hacen una historia precisa y que no podía haber sido de otra manera.
  64.  
  65. Algo sobre quien tiene la capacidad de expresarse sin demasiados problemas...
  66.  
  67. Drume, negrita...
  68. que yo voa compra nueva cunita...
  69. que va a tene capité...
  70. y también cascabé.
  71.  
  72. Algún concepto necesario, que sea grande. O lo suficientemente relevante, solo para dirigir todo lo que se tenga que decir. Hablar entonces de 'escala', de 'desecho', de 'presencia', nombremos algunos más. Tenemos 'traición', tenemos 'lo no-humano', que a estos filósofos tanto que les gusta sacarse términos de la nada. No es que yo sea uno, o tenga mayor interés en la disciplina. El solo hecho de decirle 'disciplina' ya le causaría un retorcijón a varios... No me importa. Ellos no están leyendo esto. Yo tal vez lo haga en algún otro momento de mi vida, y puede que me sorprenda un tanto de las cosas que llegué a formular en estas líneas, por cualquier motivo: un re-encuentro con algo que se dejó atrás, en mi caso, de manera ciega, muda y sorda. El pensamiento que solo emanó y del que no guardé noción alguna. O nimia. Cosa de que, al dormir, y luego al despertar, no recuerdo nada de lo explorado y/o explayado la noche anterior. Cuando mucho recuerdo los sueños que tuve aquella noche misma: el visitar a la tía Ester, que ahora vivía en una extraña casa gigante, hecha de muchos sectores que parecían ser distintas casas unidas las unas con las otras por pasillos austeramente construidos (algo no muy alejado de la verdadera casa se la señora, en realidad), mi vieja presente en el lugar, en un rol que no recuerdo ya, el como la serie de sucesos que ocurría a lo largo del sueño concluía extrañamente en yo dando y recibiendo cuchillazos. Sueño mucho con el dar y que me den puñaladas, y es divertido, porque en el sueño siento que al darlas comprometo demasiado. Mi existencia, la de la persona que las recibe, todo. El aire se vuelve amargo, de alguna manera.
  73.  
  74. Además, siento que si sonriese una vez más esta noche se me quebraría la cara.
  75.  
  76. A ver: todo por siempre resuena con ecos de extraños tiempos pasados.
  77. La cancioncita lo dice bien: serían mejor al lado de un río, rememorando el como se me hundían las patas en el barro de los canales de cerca de la casa de Leandro. Si, son días pasados, si, todo aquello está muerto, pero tengo la fe (palabreja) en que se alcanzarán más bellezas así en la vida. He pasado unas cuantas desde aquel entonces: si, cada vez son más tristes, o más ásperas, pero son. No?
  78.  
  79. Estos weones que fueron músicos la raja del jazz del final de los sesentas grabaron puras weás en los 70s. La mayoría de las cosas del Corea en los 70s son a cagar de imbéciles, que época más tonta. No vencería a la putrefacción que fueron los 80s para la música, pero de todas maneras.
  80.  
  81. Un final accidentado tiene colores raros. Tiene un aire tenso. Se percibe tal vez como un error, pero dentro de uno se sabe que aquel es el irrevocable curso de las cosas, sin más. Un eco de un momento pasado, ahora cobijado por un cielo eternamente blanco. En un silencio incómodo, que está sin embargo lleno de ruido. No pueden sino seguir sucediendo todas las cosas; 'el mundo avanza', dirían algunas voces. Pero en uno existe esa detención, única y total, absoluta. Esa pausa en la cual uno intenta entender la lógica detrás del estar aquí, el experimentar todo esto; la pregunta se hace ineludible. Todo mirando al horizonte, intentando atravesar los límites del mundo. Hay un más allá, y uno no lo entiende. No entiende el acá, tampoco. La pena se hace infinita, hermosa, total.
  82.  
  83. El halo de los postes de luz encierra a su manera a la noche entera. Hay estrellas, pero no son demasiadas. No son todas. Son capturadas por este sueño mágico, este redoble de realidad guardado en la oscuridad infinita que nos roda. Acá abajo somos pequeños, tenemos sueño (de dormir) y sueños (de que algún día esa noche hermosa, ideal, ocurrirá a nuestro alrededor). Hay mucho que amar, siempre de alguna manera alejado de lo humano; es constante.
  84.  
  85. Esos árboles que me vieron de siempre, de hace más de veinte años, murieron hoy. Todo está muriendo. Estoy desesperado. No habrá nunca ninguna sonrisa, ningún gesto corporal, que me de sosiego. Me gustaría poder ver sentir a un árbol, a mis árboles, aquellos que me conocieron por toda la vida. Tal vez volver a elevar mi vista a las estrellas. En silencio. Mientras mi vieja me dice que todo allá afuera es hermoso; yo le creía.
  86.  
  87. En la inmensidad del tiempo, en la intensidad del tiempo, se desea poder expresar o hacer algo que... vaya en serio. Una exterioridad minúscula que hable de tu persona. Algo ínfimo, pero real: que contenga lo mejor de toda tu existencia. No será hoy, me digo constantemente... los árboles siguen envejeciendo, los animales desapareciendo, los cielos hablan cada vez más de un final ineludible. No hay nada detrás de ellos, y acá abajo no quedan demasiadas mariposas. Grillos. Gotitas de agua en el ambiente. Mucha basura, demasiada basura. Las malditas ganas de abrirle el estómago a quienes tiran basura en la carretera a putas cuchilladas, sacarles las tripas y bañarme en sus sangres: son ellos quienes están destruyendo todo. Evito las miradas, cada vez siento más asco por todo lo que sea humanidad... esto lo juro. Te lo juro, a ti. No puedo hacer nada más.
  88.  
  89. Todos los árboles son monstruos, lo digo con dolor... ¿puedo decirlo de otra manera? Están ahí, creciendo frente a la indiferencia de nadie, se recortan contra el infinito del cielo, son completamente absurdos, en ellos reside la respuesta a todas las crisis que estamos atravesando como especie. No lo digo yo: no lo puedo decir solo yo... lo dicen ellos. Lo cantan, está en sus sangres, las contenidas y las derramadas. Son en sí creación pura, nada más, ninguna otra cosa. Amor, al fin.
  90.  
  91. Total, completo, inutil, absurdo, dicho, hecho, inerte, imposible, improbable, concreto, dispuesto. En el árbol que cortan y vuelve a brotar está todo. No vale la pena decir mucho más.
  92.  
  93. Qué pueden decir las artes? Qué puede decir la música? El canto, las semillas, un güiro, la guitarra, esas orquestas falsas, el piano. El bajo y sus acordes anecdóticos. El ambiente: la noche. El momento eterno. La idea que jamás morirá, pero que no podría decir absolutamente nada. La vida desprovista de toda premisa, que solo es experiencia, sentimiento, imaginación y dinámica, que no se fija en un concepto o una aseveración. La afirmación, la muerte de la realidad... y algún día, algún día, hará sentido esto que estoy escribiendo. Para mí, digo, claro. Me interesa que haga sentido para mí.
  94.  
  95. Me hubiese gustado mucho tener una voz de mujer. Para cantar.
  96.  
  97. No creo que las nubes bajas brillen por si mismas en la noche, asumo que tienen esa tonalidad pálida por las luces de la ciudad que cubren. Las mismas luces han arrebatado las estrellas.
  98.  
  99. Por supuesto que te odio, ¿cómo podría no hacerlo? Odiar es un sentimiento fuerte y toma esfuerzo y tiempo para profesar. A ti te odio. Tantos otros no me interesan. Me repelen, podrían repugnarme, o sencillamente me son indiferentes. Pero a ti te odio. Y eso, yo creo, significa mucho.
  100.  
  101. Y esto es tal, si uno se queda con un incierto de lo perdido, o de aquello de lo cual ya te desprendiste. Y los inciertos, hermosos, sin posible forma o noción pura, le dan otro color a la vida que viene. No?
  102.  
  103. Cántate a ti mismo, tal vez, en otro tono. Mientras siga sonando bien.
  104.  
  105. Aquel día en que me dí cuenta que cada rencor nuevo hacía crecer a aquella costra en mi cabeza. Me llegaban visiones de la misma ya cubriéndome el ojo izquierdo, habiéndome reducido ya la audición de la oreja del mismo lado y habiendo causado que mi apariencia fuese motivo de asco y espanto para todos aquellos demases en las calles. Yo sonriendo detrás de mi deformidad, feliz de finalmente haber devenido en el hombre elefante.
  106.  
  107. El paso al color celeste, cuanto pueda decir.
  108.  
  109. si eres relevante en mi vida, a estas alturas. te lo he dicho muchas veces: me apoyas y estas ahí cuando yo estoy mal. aparte de ser buena onda en general. si me pongo así, es porque... te termino dando demasiada importancia, al final: y es cosa de que me digas algo que yo pueda (y quiera, porque estoy cagao de la cabeza) malinterpretar o algo que yo diga que tu no notes, lo que pasó ayer, pa sentirme mal con respecto a 'si de verdad me quieres tener cerca o no'
  110. es sólo eso wn. es porque te he agarrado cariño, y esa wea me vuelve muy, muy frágil.
  111. porque me expongo, cada vez que le agarro cariño a alguien. me expongo a que esa persona simplemente esté jugando conmigo. tu no eres el caso pero me ha pasado wn, mucho, mucho... a nivel de trauma y empiezo entonces a ver weas donde no las hay. así de simple.
  112. tu has sido una buena amistad, lo sé, pero no quiero creerlo. por lo que digo de haber ya sido agarrado pal webeo muchas veces en ese sentido.
  113. en fin...
  114. si esto te incomoda mucho, si alguien como yo así como soy por naturaleza, atento y afectivo y la wea te incomoda o no te agrada ya mi persona y weas pues filo, ni siquiera respondas esta nota. te voy a extrañar caleta porque si me significas bastante ya wn. al decir que te quiero mucho (en el sentido que puta sea), va en serio.
  115. y si como digo, no necesitas eso en tu vida, pues no puedo hacer nada mas...
  116.  
  117. Dos o tres estrellas a la vista, demasiado bajas. Ocho o nueve ahora, nunca supe contar bien. Sé que no son estrellas. Pero aquello allá afuera es una noche. Mañana estará de día y todo volverá a susurrar las verdades en silencio. Hay una parte mía que me insiste, nunca he conocido el amor. Nunca lo conoceré. Tal vez lo tengo, me inunda, y de ahí tanta frustración y dolor, ante las pérdidas, las traiciones, aquellos silencios que no dejaron nacer nada, y mi actual desprecio por el estado de las cosas, de aquel mundo alrededor mío que se vuelve cada vez más asqueroso, absurdo. Imbécil. Mafalda al menos se sentaba al lado del globo para amarlo, apreciarlo y analizar todo aquello que lo aquejaba; uno está viviendo en él. Yo no puedo dar nada a nadie.
  118.  
  119. El hip hop no es difícil de hacer al menos musicalmente. Estas son las cosas que me interesan? Tal vez. No habría mucho que leer si no fuese por el hecho de que al intentar expresarme intento no ver lo que estoy escribiendo. Menos pensarlo. Es justamente el propósito, liberarse un tanto. Pero como poder hacerlo con los pies tan fríos? Tantas buenas ideas que se fueron en su momento. Algunas de ellas tenían que ver con la muerte.
  120.  
  121. Vamos, decime contame todo lo que a vos te está pasando ahora,
  122. porque si no cuando está tu alma sola llora.
  123. Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera...
  124. nadie quiere que adentro algo se muera.
  125. Hablar mirándose a los ojos, saca lo que se puede afuera,
  126. para que adentro nazcan, cosas nuevas nuevas nuevas nuevas.
  127. Nuevas nuevas nuevas nuevas.
  128. Nueeeeee...
  129. vas...
  130.  
  131. supongo no tengo apuro en entender una mierda. hay obvias palabras que están hechas para resonar más que las demás, y puedo engancharme de aquellos conceptos para darme una idea vaga sobre el punto específico siendo tratado en la obra, pero bien me dije hoy, medio tristón -sólo porque la música me recordaba al 2018- que "ya la respuesta se irá haciendo más clara cada vez"; supongo por eso no me muevo de los mismos rincones de mi vivir, porque todavía no acabo de entenderlos. Y supongo terminaré de hacerlo alguna vez... ha de suponer uno.
  132.  
  133. Camino a la casa, intenté desesperada pero pasivamente intentar darle un nuevo enfoque al camino a la casa que no deja de ser exactamente el mismo, siempre: un lugar que conozco ya por más de veinte años, árboles que he visto levantarse y caer, luces que parecieran estar cada vez más enfermas y calles que a pesar de todo siguen desiertas a tales horas de la noche. Torcí la cabeza en formas que creí nunca había hecho jamás, dando pasos por exactamente la misma vereda de toda mi vida, pero no encontré ninguna respuesta, nada claro ni revelador sobre esta, otra noche más, otros pasos más. Al frente habían un par de perros peleando por un zapato viejo, los llamé, y felices corrieron hacía mí, sin conocerme, solo para dejarse acariciar un rato. Le quité el zapato al perro que lo llevaba, y se lo lancé con energía al suelo para que siguieran en el juego; no funcionó muy bien, pero un tanto confundidos mientras me veían seguir con mi camino siguieron ellos con su juego, cruzando de vuelta la calle.
  134.  
  135. Me dije que alguna vez las respuestas se me harían más obvias: entendería, mierda, dibujo, música, algo de la vida. Alguna verdad que me pueda hacer de ella. Y se me vino a la mente cuan erróneas son las verdades que la gente se puede llegar a hacer a partir de lo que todos vivimos, que es lo común, pero todos experimentamos de maneras absurdamente distintas: principio sencillo, aplicación inimaginable. Entonces siento que la gente me mira en la micro y cosas por el estilo, y a veces en serio caigo en cuenta de que me estoy convirtiendo en una suerte de desquiciado típico caminando largas horas por las noches hablando con los perros y lanzando pequeños gritos ahogados al aire, hablándole al aire y al momento mismo. Eso en lo superficial...
  136.  
  137. Manteca!!!!!!!!
  138.  
  139. Una sonrisa, un recuerdo, una maldición eterna, un abrazo al final. Todos fuimos compañeros en esto. No olvidar.
  140.  
  141. El establecimiento de alguna verdad, aunque sea verdad personal. Una verdad que toma la forma de hecho: es entonces todo tipo de expresión, es sonido, o materia tangible, es lo que sea. Todo lo que se haga. En los demás no veo personalidad, no veo creación, solo matices. Algo pasa.
  142.  
  143. Pero esas miradas ahora me caen bien: tuerzo la cabeza de manera repentina y agresiva hacia donde siento que es de donde provienen, y la gente en el mismo gesto rápido, reflejo, desvía la mirada. Me encanta tener el pelo muy largo, y me encanta no ser excesivamente masculino, aunque de esto último no podría dar fé completa. No sé que soy ni como me veo, no está dentro de mis intereses descubrirme a mí mismo. En algún momento lo hice y las respuestas fueron aburridas, imbéciles. Mejor olvidar la persona patética que eres y entregarte, sin lugar ni identidad, a la búsqueda de alguna verdad en la que enserio puedas creer. Pero es como intentar rellenar de agua un colador, si se piensa bien.
  144.  
  145. Pero no importa, me mantendrá entretenido por cuanto me quede de vida. Es como escribir estas cosas. Es como pensar, es como gritar.
  146.  
  147. En la montaña sagrada, o la montaña mágica, una de dos. Una es la cosa alegórica del Jodorowsky, una es la envoltura onírica del Voigt. Ambas enseñan, y a la vez no, que es lo posible a sentir.
  148.  
  149. Te esperé por tanto... te esperé toda la vida. No hay como poder arrepentirse de lo hecho. La experiencia, esa palabreja que tanto saco ahora... pero es que es verdad. Literal toda vida es vida al final. Se llore, se pierda un pie, se gane cerebro, se pudra el pulmón, el sol envejezca, se ame, se odie. Se odie con tanta alma. Con toda el alma posible: se ame de igual manera. Uno tiene la capacidad de hacer ambas, al final. En la oscuridad...
  150.  
  151. Mi propósito es deshacerme del lenguaje, lo odio. Se puede vivir sin él. Se ha de expresar las cosas de una manera distinta. Una irreplicable, inapropiable por cualquier otra entidad más que la propia. El deseo es potente, lo lograré. Lo sé.
  152.  
  153. De repente me pega el impacto real de lo ido. Todo se irá. La música mantiene su realidad por un segundo, como decía aquella voz que me inidentificable. Luego se va para siempre. El tren regresa a casa pero solo en cuanto uno desee que lo haga: la realidad es que todo se va.
  154.  
  155. Desde arriba, siempre me entendí, en una iteración u otra. Siempre constante. El cielo supo, siempre sabía cada uno de mis pasos, lo que iba a sentir al darlos. Eso me hacía sonreír. Amaba esa predeterminación de la existencia: debía estar feliz en aquel momento dado. A pesar de que caía la noche. La última noche, aquella que ocurría ya habiéndose coartado el flujo normal del tiempo, y en la cual el verde de los árboles, el rumor de las fábricas, la montaña desnuda, conocerían la eternidad. Jamás íbamos a volver a salir de aquel instante. No tenía a nadie a quien abrazar, al menos inmediatamente, entonces me puse simplemente a contemplar aquel progresivo cambio de matices del paraje que veía por la ventana de mi habitación. El verde se tornaba oscuro, violento y triste a la vez. El suelo desaparecía. Asomaban las primeras estrellas, ahora más brillantes que nunca. Parecían luciérnagas, o polillas, en su defecto. Se movían: la tierra giraba, seguíamos en movimiento... pero el tiempo ya no era más. Solo restaba deshacerse en aquel instante eterno. Y no podía ser más fácil. Todo finalmente se había detenido. Quedábamos nosotros con nuestras sonrisas supuestas, e íbamos desnudándonos de la humanidad de a poco, a cada hora iba a ser más sencillo, más aparente... que ninguna palabra o expresión ya era posible, que las emociones daban igual, y que aquello era todo cuanto debía ser. (Ave roja).
  156.  
  157. 52 días atrás. Cosas que jamás leeré, y que nadie más hará tampoco, pero que salieron igualmente de mí. No son estos fragmentos de humanidad plasmados en algo virtual, tan a propósito inaccesibles, evidencia concreta de que realmente no tengo ya la capacidad de dejarme ser? Porque ese ser que soy ya dejó de ser alguien que valiese la pena. Y en parte estoy bien con ello. Mientras vuelva a llover.
  158.  
  159. Ni querría hacerlo.
  160.  
  161. Segundo, mi único problema, desde siempre, ha sido con sentirme despreciado. puedo intentar explicar mis razones de por qué me siento tan despreciado en este minuto, que, obviamente se inspiran en tus acciones. y es aquí donde yo no puedo entender algunas cosas:
  162. ¿por qué la intensidad de mis sentimientos te es mucha, por qué te incomoda?
  163. con lo dicho, te insisto que no pido que correspondas a mi cariño que te tengo, sino que no lo desprecies: que entiendas de donde sale, que lo comprendas como algo consecuente a la vida que hemos compartido juntos. no creo sea sensato, o justo, considerarlo incongruente o inconsecuente, con lo ya expuesto: la parte de que no sepas que hacer con él es entendible, pero en ese caso no siento que sea lo mejor escapar de mi, y así, de ese afecto, como si fuese algo que fuese potencialmente maligno o dañino, porque con ello solo me haces entender que soy yo, y mis sentimientos, el problema; que mi afecto es desagradable, impropio o derechamente destructivo. esta es la lección con quienes otras personas me han dejado, como por ejemplo, el suicida. y ha sido algo en extremo difícil de sobrellevar: ¿te sería fácil existir entendiendo que lo que sientes está mal, y que incurres en un error al desarrollar sentimientos por los demás?
  164. considera, de paso, el hecho de que el suicida se disculpó conmigo y acusó él haberse tomado mal mi intensidad, años más tarde, luego de yo haber sufrido por tanto pensando que había sido yo quien hizo mal las cosas. esta clase de cosas me afecta en demasía, cati, y por eso te insisto y solicito de tal forma que por favor te tomes el tiempo de acercarte y explicarte, hacerte entender para conmigo de forma aterrizada y objetiva. sensata. para yo poder entender que eres tú la que no sabes que hacer conmigo, y así, no es que sea yo el ser cuyas emociones están mal y que todo intento de mi parte de conectar con quien sea está mal. que es con lo que me quedo en mi psiquis, lo quiera o no, con todo esto. y es, como digo, algo en extremo difícil de asimilar, de vivir con ello. solo me provoca sufrimiento.
  165.  
  166. Todos los momentos e imágenes más gratas que he experimentado en vida involucran árboles. Es curioso y ni yo lo entiendo. Leandro había cambiado, si, el mundo se movía a un ritmo que yo no quería que lo hiciese, todo aquello, la nostalgia podía pegar cuanto quisiera, tal vez las responsabilidades de la vida se avecinaban a pasos agigantados, pero nada de eso me interesaba realmente. Mi lío fue por los árboles. Esa hilera de eucaliptus que literalmente me hacía sentir que había un bosque detrás, un verde impenetrable que delimitaba mi mundo. Un espacio donde podías sentir la respiración de lo verde, un eterno caminar sobre hojas secas. Un sinfín. El fondo del mundo.
  167.  
  168. ¿Por qué? Por favor.
  169.  
  170. La vida se des-hace y re-hace en esas sorpresas que se vuelven a volver sorpresivas pasado un tiempo, porque uno olvida los placeres de esos pequeños detalles y sus consecuentes impresiones que dejan en el sentir... El sentir siendo lo determinante del todo lo que todo lo que esto es. Entonces el aire de verano, la brisa del invierno: entregan vida, realidad.
  171.  
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