SHARE
TWEET

Sal de Amanecer

a guest Jan 24th, 2020 148 in 339 days
Not a member of Pastebin yet? Sign Up, it unlocks many cool features!
  1.  
  2. ASÍ TERMINA EL DÍA: en su circunferencia el reloj da la última hora y reinicia, pero él, reflejado en el centro, lo único que puede ver es cuánto tiempo ha perdido.
  3.     Ambos bracitos detrás del vidrio circular, vectores visibles del tiempo, apuntan rectos hacia el opaco cielo. Claustros posthervoreos en formas irreconocibles se arrastran lentamente en fila bajo las últimas suelas anuales de Leo, anunciando la llegada de lluvias aurogénicas, cortesía de la recién bautizada Katia, quien sus cabellos lavará con la luz del Sol, escupiéndola exprimida de sus propiedades naturales—fría, difuminada y obscura—Coyolxauhqui en el reino de Tonatiuh, imponiendo biosferas extranjeras con apocalipsis en sus brazos, despertadores para los subterráneos engranajes oxidados del mecanismo tectónico.
  4.     Arriba espera . . . aún no llega a su cuerpo. La cantidad de silencios a su alrededor evidencia la ágil y selectiva la mano del Sueño. El deseo de pertenecer a ellos aumenta, pero el brillo cuadrangular pide un poco más de compañía. Y con un planeado retardo, Somnolencia llega, y con ella. . . .
  5.     "Seguramente ya se—"
  6.     Interrumpido por un bólido balido expulsado del interior de alguna casa vecina, atraído por la fina influencia de sus oídos, refunfuña tal Caguamo, meneando la cabeza mientras exhala su frustración en torrentes sincopados a las flautas entre árboles, edificios y telarañas de líneas de electricidad danzantes tocadas por el viento. Sin importar cómo o qué hable él del ingenioso y raquítico pseudo-pomeriano blancuzco, todos creen a primera oída que se trata de algún hámster, con un programa de cocina al aire en donde come y concina platillos tanto exquisitos como mortales.
  7.     Deseando reanudar su ritual con ella, quién ya ha vuelto a las sombras, aun sin saber a estas alturas de su vida una manera confiable de cómo hacerla salir de ahí de nuevo cuando quisiera, y sin una vibración reciente en su mano derecha, comienza a platicar con Caguamo, como ya es costumbre. Caguamo lo espera, con un poco de frío, en la base de la plegable escalera de aluminio.
  8.     "¿Qué piensas de las ovejas, 'Wamo?"
  9.     "¡Aarf! Ggrarf, arf aarf raff . . . Raf."
  10.     "Claro, si son deliciosas, ¿pero alguna vez has visto una? Viva, no en carnitas, digo. No te parecen un tanto, no sé, ¿estúpidas?"
  11.     Caguamo levanta su rostro confundido, pequeños aglomerados de hielo en sus bigotes, hacia su dirección general. No había comentado nada sobre su sabor . . . pero claro que lo amaba. El olor característico de un domingo, con todo y sus meteorológicos tintes religiosos, volviendo la atmósfera más pesada, difractando la luz en un espectro más cálido, un color para algunos hogareño, que llenaría sus corazones de calor si alguna vez tuvieran que recordarlos, pero que para otros es el más simple y por ello doloroso indicador de su soledad. . . . Para nada. Caguamo compartía con su compatriota humano el dolor auditivo que era aquella nueva inquilina, con la furia que caracterizaría a un chihuahua.
  12.     Fuera de las sombras, el panorama cae. Los antenados, cableados y apilados bloques negros del horizonte pronto y lejano, con melenas hechas de borrosos aluzamientos y brillantes bocas poligonales adornando las caras de aquellas planas obscuridades, caen hacia arriba, en la inversa naturaleza de elevar todo de la gravedad circadiana en el profundo y fluido negro que ella ha derramado con un beso entre la superficie de sus ojos y sus párpados. Al chocar con las magmoides nubes prekatianas, liberan mensajes electromagnéticos que al llegar a su celular se hacen presentes en vibraciones que, quizás no en fuerza, pero si en ritmo, son indistin-guibles a aquellas del rebote asiento-trasero de los pocos pasajeros sentados en el metro. Todos, parados o no, recorren alabeadas e invisibles guías al destino de siempre . . . ¿Por qué habrían de dudarlo? En la ceguera impuesta por la subterra-neidad, que dos días antes había celebrado su cuadragésimo octavo cumpleaños, las sensibilidades autogeolocalizadoras necesarias para notar que efectivamente, así como al dormir, flotando en los vientres del Sueño, el rumbo, el final, habían cambiado, eran inmensamente escasas. Dormidos a la mitad, frunciendo seños, formando sonrisas, apilados horizontalmente y asfixiándose a efecto retardado, son llevados a un lugar que reconocen como el mismo, pero que no podría estar más lejos de esa realidad.
  13.     El contacto de pene y nalga entre dos "caballeros," dado a conocer a todos con gritos y fantasías reprimidas, despierta un poco más a Aura. Su almohada: una afelpada chaqueta color cobertor, modelo hombro, con olor a suavizante y perfume importado. Su destino: la escuela, la maldita escuela . . . Pero el peso del Amanecer hunde su rostro y su vigilia entre los cientos de suaves pelos sintéticos de nuevo, dejándola salir seis estaciones después de la planeada.
  14.     "¿Si pasaste?"
  15.     "Si, y no gracias a ti, maldito 'storbo," corriendo a las escaleras.
  16.     Ring-ring. Extraída de la cama, Alán expide una serie de bostezos indivisibles. Coloca su desnudo pie izquierdo sobre el frío azulejo, espera un segundo, y descansa el derecho sobre la rejilla del compañero delantero. Con una mano silencia la desesperada alarma, con la otra, vierte la tinta negra de su pluma en forma de letras, formando cadenas que denotan a contraste las ideas recibidas sobre su cuaderno. Las lagañas que bordean sus ojos se extienden en trenzas hasta la tenue cuadrícula azul con fondo blanco, medio centímetro cuadrado de blancura, treinta y seis por cuarenta y nueve, más bordes—blanco como el de su pijama, que procede a quitarse con sonambulico fervor, primero la camisa, revelando la falta de ropa interior superior, enseguida los pantalones, dejando como huella de su presencia un patrón pintado en carne viva, montañas en contracara a las presentes en el elástico que lo mantenía adherido a su cintura. Todo cayendo a la misma velocidad. Al pasar a la siguiente página, esquina superior derecha, continua cepillándose los dientes, arriba-abajo, escribiendo izquierda-derecha, palabra tras palabra, deslizando sus ya calcetados pies dentro de un cómodo calzado sucio. Primero izquierdo, cruz, orejitas, nudo iniciando por la derecha, otro nudo más, después derecho, lo mismo. Finalmente ha acabado, la clase ha terminado, y todos podemos relajarnos hasta que arribe otro metro atrasado, trayendo el clima del túnel, los vientos estacionarios presentes en la obscuridad llenando las arcas del andén, aventados a treinta kilómetros por hora más su velocidad natural. Variable. Demasiado variable.
  17.     “¿Por qué siempre llegan tarde?" Y al verlas tomadas de la mano, Alán añade "—¿y juntas?”
  18.     Un par de huh's desentonados y unísonos, lagrimitas de bostezo saliendo de los ojos de Kessandra y la anillada por Insomnio mirada perdida de Aura le responden.
  19.     Se toman de las manos en la forma particular de "hermanas" recién reconciliadas. El pulgar e índice de Kessandra formando un anillo falángico que, con sus internas sombras, logra diferenciar los de otra manera indiferenciables pigmentos de sus pieles, PMS P 37-9 C, dinámico a la temperatura ambiental y corporal—la anchura y profundidad de sus pares de ojos el único punto de anclaje del que todos pueden decretarlas como amigas, en vez de familiares.
  20.     "¿No han visto qué hora es?" continúa Alán.
  21.     Kessandra al fin se atreve a verla—09:07—al levantar la cabeza hacia el cuadrangular reloj sobre el pizarrón. Al bajarla, la punta de su nariz despliega el panel de notificaciones del estratégicamente posicionado celular de Asán, donde antes de retroceder y levantar sus puños, vislumbra debajo de la hora atrasada por un minuto, una serie de mensajes insoportablemente falsos con una tal "Linx", que días antes, vagando por las calles que de alguna u otra manera conectan a la burbuja de existencia de la preparatoria con el mundo exterior, la había visto con él, tomados de la mano, compartiendo con bromas y risas altisonantes una orden de tacos de canasta, frijol y papa por el olor, con un helado de la nevería más cercana, fresa, uva y choco-chips, caminando a una velocidad casi lo doble que la suya hacia Tlalpan.
  22.     "Shiinga tu madre, pende—" Entre i'es y e's, burbujea a la superficie de su consciente sensorial el espacio negativo, ciento cuarenta y tres punto ocho por sesenta y nueve punto cinco por ocho punto cinco milímetros, dejado por el vacío que su celular creó en su mochila al saltar de su posesión a la de otro sin su permiso, retribución monetaria o ya de mínimo un "gracias," apagando el final de su oración mientras Aura, ahora libre, camina hacía su lugar.
  23.     Caminando, suelta un suspiro. Todos creen que se trata de un lenguaje pneumático por descifrar, pero nadie alguna vez se ha acercado a preguntar. Ella misma se ha percatado de esto, por lo que de vez en cuando expira versos de Blake y Lorca en un amateur morse. Pero hoy no se trata de eso, pues al saludar al resto, se pregunta cómo es que llega todas las mañanas sin recordar el trayecto ("¿Qué onda?"), con la ligera sospecha de haber vivido ya éste día ("Hola Aury, te ves preciosa." Ay: "Gracias, bebé.") de manera exacta. ("Hola chicos.")
  24.     Al ajustarse los garabatos del pizarrón poco a poco a sus ojos, cree haber leído algo relacionado a lo escrito alguna vez, aunque la memoria visual de un "proceso subcon-sciente" no puede ser traída a la consciencia, y las palabras "arco reflejo" sólo le recuerden a la entrada de su hogar anterior, memorias de un domingo por la mañana.
  25.     Más tarde, el Sol alcanzando su cénit, sobre las empolvadas losas gris penitencia y tras mucho debatir interno, una figura se alza por detrás de los bosques de queratina teñida de colores extracapilares, aproximándose a ella mientras su respiración se hace más pesada.  
  26.     "¡A!—Aura . . ." Ella pausa la escritura, su mirada asciende y desciende al confirmar la forma de la voz . . . y suspira de cansancio. Pero él continúa, titubeando en su nervio-sismo: "¿Cómo e-estás?"
  27.     Al recordar lo dicho por su madre, tan repentino pero esperado como un relámpago en medio de la tormenta, Aura se toma firme y bruscamente de la chaqueta blanca de Rodian, usando el impulso para levantarse unos centímetros de su asiento y decirle, en un tono desinteresado y ahogado, cerca de su oreja: "Ah. Hola, Rod."  
  28.     "¿Recuerdas lo de ayer?"
  29.     "No," responde bruscamente, hundiendo los ojos en su siguiente aliento, "no recuerdo ni cómo llegué aquí hoy, mucho menos los días anteriores; ¿qué hay de ti?" Pero antes de dejarlo responder, su madre de nuevo presente, vuelve al tema: "Ammm . . . No. ¿Qué fue lo que dije ayer?"  
  30.     "Bueno, me dijiste que te sentías sola y querías compa—"
  31.     "¡Ahhh! Si."
  32.     "Y . . . Y pues—"
  33.     "¿Ajá?"
  34.     "Quedamos en salir. Además, me dijiste que—"
  35.     "¿Enserio dije eso?"
  36.     "Ammm. Si."
  37.     "Ah . . ."
  38.     "—me dijiste que te recordara, porque estabas un poco ebria."
  39.     "Creo que no fue solamente un poco, Rodian."
  40.     "¿Mande?"
  41.     "No, nada . . . Demasiado."
  42.     "¿En-tonces?"
  43.     "Si, seguro. ¡Ya qué!"
  44.     Rodian, un momento sin decir nada, se convulsionaba con tan grandiosa oportunidad. Aura le despertó.
  45.     "Búscame al salir."
  46.     "Claro."
RAW Paste Data
We use cookies for various purposes including analytics. By continuing to use Pastebin, you agree to our use of cookies as described in the Cookies Policy. OK, I Understand
Top